"Las
ventajas de una recta organización pública, se han de reflejar en el bienestar
de los particulares" (Luis Izaga, filosofo español).
Por obvio que parezca decirlo, nos encontramos como país
en una situación de "crisis", pese al dialogo político y reformador
al inicio de la actual administración, lo cual supuso abría la puerta del
entendimiento, sugería la modernización democrática y encontraba cauces comunes
en la construcción del Estado de Derecho, lo cual suponía una nueva época.
Sin embargo en los hechos el contraste es abrumador, pues
lejos de acercarnos a los objetivos propuestos a través del quehacer político,
actividad que posibilita de manera pacífica realizar profundos cambios, hemos
padecido permanentes violaciones a los derechos humanos, presentándose trágicos
acontecimientos, que nos hacen palidecer y nos ponen en el mapa mundial como un
país en franco deterioro, sin gobierno, lleno de crueldad y, por consiguiente a
distancia de un régimen democrático.
Tanto Tzun Tzu como Maquiavelo, escribieron un libro en diferentes épocas, con
el mismo título: "El Arte de la Guerra". Ambos describen las características
necesarias para obtener éxito en situaciones complicadas: dan cuenta de la
importancia que implica conocer el terreno donde se va a desarrollar la
contienda, así como contar con aliados y conocer al adversario.
El problema está presente con dimensiones inesperadas,
las opciones para encontrar caminos de solución, son pocas y determinantes para
el futuro de la nación. Primero la voluntad, eje esencial requerido en el
retorno al orden, no obstante ello, es insuficiente si únicamente se contempla
desde el ámbito de la autoridad. La función del Estado abarca las relaciones de
la actividad y de la constitución Jurídica de las sociedades humanas,
encaminadas a propiciar su mejor desarrollo, en consecuencia cualquier decisión
atañe a todos, en su respectivo ámbito de responsabilidad.
Ni continuar por el sendero de la anarquía ni sucumbir en
el terreno del autoritarismo, ese es el reto. El cansancio social esperando
respuestas que no llegan se comienza a agotar, la razón y la ética obliga a
revelar la verdad sobre la dimensión de los problemas y, en esa medida,
edificar una consciencia ciudadana en aras de crear el ineludible y necesario
compromiso: gobierno-sociedad, en la suma de un propósito común.
El fenómeno de la violencia conduce al caos y a la
destrucción del Estado de Derecho, oprime a la sociedad, restringe las
libertades y cercena el desarrollo. Por otra parte, las personas y familias,
tienen la legítima aspiración a la seguridad, al orden, a la protección, a la
asistencia y al progreso.
En ese renglón es donde el Estado se encuentra obligado a
actuar, conforme los principios de subsidiaridad y solidaridad, tomando en
cuenta la opinión pública, su capacidad para organizarse y de su ímpetu para
luchar en contra de quienes han traicionado los ideales de la nación.
Si bien, la operatividad tiene altos niveles de
complejidad, la problemática se encuentra diagnosticada y bien conocida, los
aliados tanto en el ámbito de la sociedad organizada como en el sector social y
político, existen y están prestos a cerrar filas, solo falta como diría don
Rafael Preciado Hernández (filosofo y político mexicano), ajustar nuestra vida pública,
al pensamiento democrático de la Constitución.
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